Por Sonia Castillo Cabreja
Hace 30 años, el Comandante en Jefe Fidel Castro fue condecorado como el primer Vanguardia Nacional de la Organización de Pioneros “José Martí”, coincidiendo con la celebración del Día de los Niños y la apertura del Palacio Central de Pioneros “Ernesto Ché Guevara”.
Diez años después, el domingo 17 de julio de 1989, Juventud Rebelde publicó una carta que evoca las emociones vividas aquella tarde de verano, y que ahora retomo.
La redactora se encontraba en la Isla de la Juventud, cumpliendo su servicio social. La crónica lleva, por tanto, toda la impronta de sus años mozos y las imperfecciones, respetadas textualmente, de unas ganas enormes de escribir a las que les faltaba oficio, aunque no pasión.
Para mi eterno Comandante en Jefe, para Fidel, en sus 83 años.

Entrega a Fidel de la medalla y el certificado acreditativos como el primer Vanguardia Nacional de la Organización de Pioneros.
Querido Fidel, siempre quise escribir algo no común para ti. Pero, ¿sabes?, me ha cohibido el pensar que mi palabra no te alcanza y, sobre todo, el temor a los desenfrenos de una pluma mojada en elogios, no sea que la justicia venga a parecer solicitud.
Sucede, sin embargo, que hoy es un día especialmente significativo para mí, aunque ya no llevo lazos en los cabellos, y el deseo se me trocó en obsesión.
Tengo, por otro lado, la tranquilidad de que nadie como tú, forjador de la historia, conoce del valor del recuento, de los recuerdos, en la hora de los hombres; de cuánto ayuda al espíritu desempolvar al tiempo. Por eso entenderás estas letras llenas de besos en el día del futuro, pues ¿cómo imaginar un cumpleaños sin la presencia del padre?
Lo sé, la vida ya no me pasa invitaciones para esos cumpleaños, más tengo razones para creer que sí.
Hoy, es verdad, tengo 24 años. No llevo pañoleta de fuego ni boina de cielo, ni medallas de vanguardia a un costado del uniforme. Hoy, no mastico hojas de ciruelas, cual bisté, en mi casita de sueño; ni giro, ni canto en una ronda, tomada de las manos, durante los recesos.
Hoy, Laica no está. Tampoco Flora. A ella me la llevó un cangrejo de nuestro palacio de madera agujereada y zinc para las goteras. ¿Qué quién es Flora? Ah, sí, Flora era mi abuela, la que me hacía llegar de madrugada a la escuela; la que escondió su iconografía del corazón de Jesús tras imágenes de una revista soviética para que yo pudiera seguir siendo su orgullo; la misma que te culpaba de no tener el buchito de café por la mañana y que corrió a esconder sus lágrimas, cuando por la tele de la vecina nos vio abrazados, por primera vez, aquel Día de los Niños, un 15 de julio de 1979.
Todo eso es verdad. Pero también es cierto que hoy, felizmente, sigues estando tú, y yo tengo el privilegio de escribirte después de diez años de la más grata impresión de mi infancia y adolescencia.
¿Recuerdas?, en tu última visita a la Isla de la Juventud conversamos al respecto, durante el recorrido por el otrora Presidio Modelo. Créeme, no pudo ser más simbólico el hecho de evocar la inauguración del palacio central de pioneros y las alegrías de aquella tarde, en el lugar donde quisieron cobrarte, junto a otros valiosos compañeros, el derecho de soñar con muchos días de los niños, con muchos palacios de pioneros…

Evocación en Presidio Modelo, Isla de la Juventud, justamente una década después, el 16 de julio de 1989.
Esa mañana recordabas poco, sólo dijiste que yo había crecido bastante. Me dio gracia, pues en realidad nunca he dejado de ser descendiente de Meñique. No culpo a tu memoria, claro. Confieso sinceramente que fue pedir demasiado, además de inmodesto, que te acordaras de mí (son tantos los niños y niñas que te han besado para agradecerte este presente).
Aquel 15 de julio lo hicimos en nombre de los primeros vanguardias nacionales de la Organización de Pioneros. Habíamos decidido que estrenara la medalla acreditativa de dicha condición, tu eterno traje verde olivo.
Yo había ensayado durante una semana la lectura de la resolución y, en los pechos de varias personas, la colocación de la medalla. Pero, ¿para qué?, si tu presencia me cortó la voz y lo duro de la tela de tu uniforme no dejaba entrar el alfiler que sostenía la condecoración.
Luego de mi aprieto, comprensivo como siempre, me abrazaste. Te abracé y besé casi en punta de pies. Me viene a la mente la algarabía de los cientos de pioneros allí presentes, parados todos, aplaudiendo, emocionados tanto como yo.
En el discurso expresaste ideas inolvidables para quienes fuimos pequeños príncipes y seremos padres.
“Para nosotros, para nuestra Revolución socialista cada año es el año del niño. Cada mes, cada día, cada minuto, es el mes, el día, la hora y el minuto del niño”.
Nos pediste que cuidáramos con celo aquel inapreciable regalo, y que aprendiéramos en él a ser los hombres del futuro, dominando la ciencia y la técnica. “Los palacios de pioneros –añadiste- son centros de formación de proletarios”.
Casi al anochecer, aprobamos, con las manos en alto, tu propuesta de nombrar Ernesto Guevara a la instalación. Desde entonces el palacio comenzó a brillar con nueva luz.
Han pasado dos lustros y, como ves, al igual que el resto de los niños cubanos, tendré, cada 15 de julio, una eterna fiesta. Permíteme agradecértelo en el nombre de todos y evocar al trovador: si el poeta eres tú, ¿qué puedo yo cantarte, Comandate?
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!Qué decirte! sobran laspalabras y las lágrimas, lo he impreso para q mi niÑa se deleite con esas escenas las cuales iba yo imaginando en mi mente.
!Suerte la mía tener una amiga como tú!
Querida Cristy:
He recibido con mucha satisfacción tu comentario sobre “Desempolvar al tiempo”, y soy yo la que se congratula de tener amigas como tu, que se estremecen y lloran con trabajos como ese.
¿Qué dijo la niña?
Rami celebró ayer sus 10 añitos.
¿Leiste su carta a Fidel?.
Un beso, también para Mely,
Sonia
Querida Sonia, que bueno encontrarte…
Me traes muy buenos recuerdos
victor