El noveno mes del año despertó, como siempre, luminoso y feliz. Vestido de uniforme, mochilas escolares, pañoletas rojas y azules, algazara de niños y jóvenes. Tres días después, sin alcanzar a reseñar esa alegría, privilegio de la familia cubana, me vi alejada insospechadamente de esta, mi trinchera de combate ideológico.
Mis huesos, acaso resentidos por el ajetreo en la temporada estival, demandaron un descanso obligado, mientras el papá de mis dos hijos era hospitalizado por casi 15 días, a causa de una descompensación de su presión arterial.
En otros confines, tal vez ahora no estaría esta redactora escribiendo la anécdota para sus potenciales lectores. Probablemente tuviera una deuda tan grande por los gastos en salud, que se hubiera visto precisada a vender papás fritas y hamburguesas a media noche, sin mucho rubor por su condición de profesional de la palabra.
Las noticias de la crisis general del Capitalismo, aunque suelen ser parcas en la revelación de los dramas humanos, porque no conviene a la ya maltrecha imagen del sistema, nos traen cada día estadísticas poco halagüeñas de los despidos de periodistas por el cierre de los medios o debido a la absorción de los más pequeños por los más poderosos, puestos a salvo con dinero del Estado, a contrapelo de las insistentes críticas que sus voceros hacen a nuestra “economía estatalizada”.
Pero no, aquí estoy de vueltas, frente a mi computadora. Sin más deuda que la gratitud a la Revolución que, por encima de todo, nos preserva, de manera gratuita, ese elemental derecho humano, aún cuando falten algunos medicamentos, y el mantenimiento necesario a algunas áreas de nuestros hospitales.
Y no son insuficiencias inherentes al modelo socialista de desarrollo, como pregonan los defensores de la propiedad privada, es decir, de los privilegios de unos pocos. “Según cálculos muy conservadores, el daño directo a Cuba como resultado del bloqueo, hasta diciembre del 2008, supera los 96 mil millones de dólares, cifra que ascendería a 236 mil 221 millones de dólares, si el cálculo fuera realizado a los precios actuales del dólar norteamericano. No es difícil imaginar el progreso que Cuba habría alcanzado, y del cual se le ha despojado, si durante estos 50 años no hubiese estado sometida a esta brutal guerra económica.
“Entre mayo del 2008 y abril del 2009, las afectaciones al sector de la salud pública ascienden a 25 millones de dólares” (1)
El 14 de septiembre, ciego y sordo ante el reclamo de la comunidad internacional, el presidente Barack Obama firmó la orden dirigida el Departamento de Estado y el Tesoro, a fin de que renueve el bloqueo por un año más, que aunque fue decretado formalmente mediante Orden Ejecutiva del presidente John F. Kennedy el 3 de febrero de 1962, se inició pocas semanas después del triunfo de la Revolución Cubana, el 1ro de enero de 1959.
“Hemos perdido un bastión”
El domingo 13, en la mañana, mi padre llamó por teléfono para interesarse por nuestro estado de salud.
- Estamos mejor, papi. ¿Viste lo del Comandante Almeida?- pregunté.
- ¡Viste eso, chica!- responde con voz entrecortada. Hemos perdido un bastión.
Se hizo un silencio. Hombre de campo, con apenas tercer grado de escolaridad, mi progenitor lloraba la partida física de un símbolo, humilde como él mismo; albañil, como él fotógrafo. Habían nacido ambos el 17 de febrero, pero cuatro años antes, en 1927, el obrero habanero. En 1931, el campesino de Yaguajay.
“Para hacer esta muralla, juntemos todas las manos: los negros sus manos negras; los blancos sus blancas manos”. Guillén. Nuestro Nicolás. El poeta, mestizo también, revalidando su alcance universal: el ser humano es uno solo. Y nada más.
En la emisora Radio Camagüey transcurre una programación especial, pensada con todo el cariño y la admiración que merece el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el Jefe del III Frente Oriental “Mario Muñoz Monroy”, el Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, desde su fundación en 1993.
La música y el verso; el verso y la música. Así recordamos la existencia del político que fue artista, y al artista que fue político. Los acordes de La Lupe, unas de las 300 canciones que compuso, rememoran la trayectoria del revolucionario, recogida en una docena de libros.
“No, no, no se rinde nadie, en esta tierra no se rinde nadie”. Omara Portuondo estremece con el cristal de su voz; evoca aquel grito de puro coraje de Juan Almeida en el primer revés de Alegría de Pío y, como entonces, alienta y levanta y compromete.
Yo volví al Cardiocentro con mi esposo que, aún ese día, estaba convaleciente. No pude acudir al lugar del homenaje que tributó el bravo pueblo de Camagüey, conmocionado por la noticia.
Me encargué, sin embargo, de que mis dos hijos fueran a la sede del Gobierno Provincial, y le colocaran sendas flores, más la mía, al compañero leal y entrañable de Fidel y de Raúl.
Cuando me reencontré con mis niños en la noche, le pregunté a Ramoncito, el más pequeño, de sólo diez años, qué había pensado al colocar su rosa frente a la foto de Almeida, sin sospechar siquiera la respuesta: -¡Hasta siempre, Comandante!
Ser consecuentes
Por las razones descritas no pude asistir, como tenía orientado, al XX Congreso Internacional de Ortopedia, celebrado esta vez en Bayamo, pero impartí la primera clase de Fundamentos del Periodismo al grupo de quinto año de la carrera de Comunicación Social que me corresponde, como profesora adjunta de la Universidad de Camagüey.
Mi abuela Flora lo graficaba con la elocuencia de los proverbios: “No hay mal que por bien no venga”. Nació por cesárea Jorgito, el primogénito de mi sobrina Yude-la hija que la vida no me dio-, jueza en el Tribunal Municipal de Camagüey. El bebé pesó 3,700 gramos- más de ocho libras- y está hermosísimo con su cabellera negra, abundante y erizada . Crece la familia, y nuestra alegría. Mejora la natalidad en Cuba. Pude compartir con ella el momento más feliz en la vida de una mujer.
Fui a las dos reuniones de padres en las escuelas de mis hijos por el inicio del curso escolar y participamos, mis vástagos y yo, en el análisis de dos trascendentales discursos de Raúl Castro en nuestro Comité de Defensa de la Revolución (CDR).
El 28, lamentablemente, no estuvimos a la altura del 49 aniversario de la fundación de esa importante organización de masas, debido a la defunción reciente de una vecina de la comunidad.
Estuve de guardia, un domingo, en el periódico Adelante. El siguiente fin de semana- ya es octubre- Pedro Alejandro, el mayor de mis niños, me acompaña a escardar boniato junto a otros colegas. Es difícil estar encorvado sobre el surco, arrancando la hierba que lastra el desarrollo de la gustada vianda.
“Cuando el Ché hacía trabajo voluntario, no se paraba tanto- le digo a mi primer retoño. Se enfría el cuerpo”. Agarra con sus dos manos un plantón que se resiste, y se ríe porque casi se cae para atrás.
Antonio Guerrero, uno de los cinco héroes prisioneros en cárceles de los Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, le escribe una carta; la cuarta desde aquel primer dibujo que el niño le enviara hace unos años. La lee, junto a su hermanito, durante la rendición de cuentas de la Delegada de los Órganos del Poder Popular a sus electores.
Regresan, sin ser abiertos, los sobres que contienen otras misivas y postales enviadas, indistintamente, a Fernando, a Ramón y a Gerardo por el Día de los Padres o por sus cumpleaños. Son la mejor evidencia de la presión psicológica a la que son sometidos, privándolos además de su libertad, del derecho a recibir correspondencia proveniente de su país de origen. Así lo explica Pedrito a su Colectivo de Pioneros de la Secundaria Básica “Ignacio Agramonte”, el día de las elecciones, donde resultó Jefe de Trabajo y del noveno grado.
Ya es octubre. Barbados y La Higuera, en la memoria. Cintió Vitier decide partir junto a José Martí, su guía ético; su inspirador moral. Mercedes Sosa, la Negra, lo sigue: Todas las voces, todas/todas las manos, todas, /toda la sangre puede/ser canción en el viento./ Canta conmigo, canta/hermano americano./ Libera tu esperanza/ con un grito en la voz.
(1) Informe de Cuba sobre la Resolución 63/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba “